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Aquí huele a grajo

Columnas varias y otros pensamientos acerca de lo que pasa en los medios de comunicación
El señor George Bush, si es que lee, debería pasarse por la web de los premios Samuel Johnson de literatura de la BBC y fijarse sobre un elemento de la lista llamado Bahgdad Burning . Él y su mano derecha, la señora Rice, se darían cuenta del verdadero desastre que es ahora Irak gracias a ellos. Eso, si las imágenes de la prisión de Abu Ghraib, no lo han hecho ya.

Una joven iraquí llamada Riverbend de 24 años, programadora informática, relata en este blog su día a día en una ciudad donde, desde el final de la guerra, ser mujer conlleva más de un riesgo. Aparte de obligarle a dejar su trabajo, a vestir el jiyab negro, no puede bajar a la calle sin la compañía de un varón. ¿Es eso la libertad que prometía el señor Bush?, ¿dejar el país en manos de unos mulás chiítas que le limpian la alfombra al vecino Irán? Ni Tom Cruise en la película podría haber conseguido un cóctel tan caliente como “Arbusto” en tres años.

Seguro que a nuestra chica del blog le gustaría seguir una tabla de ejercicios tan rigurosa como la de la amiga Condolezza Rice que a ese paso aspira a convertirse en la némesis política (y republicana, of course) de la activista Jane Fonda. Pero, por desgracia, Riverbend está más atenta a salvaguardar los muros de su casa.

A ninguno de nosotros se nos pasaría por la cabeza dispararle a un miembro del ejército de nuestro país. Sin embargo, la cuestión cambiaría si esos militares derribasen nuestras puertas para saquear y violar, y el colegio de nuestros hermanos quedase al lado de una morgue, como el de la prima de Riverbend. Hasta el propio Ministro de Defensa anima a no cumplir las órdenes de los guardias, a menos que estos vayan acompañados por representantes de las fuerzas de coalición.

Y así, en cada uno de los post, el lector se va dando cuenta de que las crónicas de los corresponsales de guerra no consiguen compararse al relato de quien siente cómo su hogar se destruye por el estruendo de las bombas de uranio. Ése que, hamdulilah (“gracias a Dios”), no oímos por nuestras tierras.

Anotación por Jaina a las 11:57:06 | Comentarios (0)
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